miércoles, 31 de julio de 2013

Eterna primavera


Dulces luceros
que en la penumbra me sonríen.
Sonoro tintineo
que despierta mi curiosidad.

Las comisuras de mis labios se elevan,
se estiran y forman
-cuidadosamente-,
dos hoyuelos como nidos
de los pájaros que anidan
en una eterna primavera.
                                                                                                
La brisa acaricia mi pelo,
el verano besa mi piel.
En mis entrañas se revuelven los colores
y en mi boca las palabras
no son más que su reflejo,
un resplandor, su calidez, la melodía
y las alas de los jilgueros
juguetean, revolotean,
cuando el alba llega y alborea.

Y resurjo de las cenizas
que persisten tras este amanecer
para revolverme en el dulce mundo
de las pasiones y besarte de nuevo.
  Volver a morderte, recorrerte y amarte.

Y consumirnos,
como pájaros que cantan,
en esta eterna primavera.