
Al cerrar con fuerza los puños,
la arena se nos escapa entre los dedos.
El reloj me transporta a otro tiempo, en el que el viento
también corre en mi contra.
Entra por la ventana haciendo ruido, y se lleva consigo todas mis preocupaciones, tornando mi mente en una gran montaña salina
en la que poder imaginarnos sin tregua.
Se mezclan los colores en este amanecer
y me hacen pintar recuerdos y esperanza.
Consiguen que vuelva a nacer, que renazca contigo a este lado de la cama.
Que te bese la frente haciéndole frente a lo que nos viene por delante:
No más noches como esta hasta nueva orden,
no más abrazarte por la espalda
ni perderme entre tus sábanas,
ni si quiera enroscar tus piernas en las mías
para sentir correr la sangre por tus venas
y sonreírle a la vida,
no porque te aleje de mi,
sino porque te mantiene vivo.
Ahora sabes de sobra,
que si me llamas con frío,
arropare tus días y tus noches,
cubriré tus pies con los míos
y te besare en sueños
hasta consumirte la boca.
Porque seré de hielo,
cuando necesites que dé la cara,
y el fuego quemará nuestras pieles
cuando se trate de amarte.